Anclajes, valores y prioridades

El domingo por la tarde tuve una conversación profunda, terapéutica, con una buena amiga en la que pusimos sobre la mesa nuestras batallas diarias: la rebeldía de nuestros hijos, la presión de las responsabilidades y obligaciones, el ritmo acelerado de la semana, la “falta de tiempo ”, y de energías, para hacer lo que nos gusta… 


Hago un pequeño resumen de nuestro sentir compartido por si, sea cual sea tu situación personal, familiar y laboral, te suena de algo.


Los días van pasando de una manera que no te llenan del todo. Puede que hasta conseguir lo que siempre soñaste haya terminado por arrastrarte a una especie de espiral que absorbe tus energías, por más que te duela reconocerlo.


Demasiadas obligaciones, demasiadas exigencias que dejan poco espacio a lo que de verdad te apetece, a lo que te hace vibrar, lo que te apasiona… Y eso frustra y cansa.


Y enfada… Porque el desgaste continuo atrae fácilmente la ira.


Tú sabes que se puede vivir de otra manera y esa especie de rendición a la inercia de la rutina te come por dentro.


Durante la charla con mi amiga, yo, que ya andaba dándole vueltas a mi reflexión sobre el propósito, le dije que para vencer ese malestar que las dos compartíamos me parecía imprescindible contar con un anclaje muy fuerte. Un anclaje que, partiendo de ese por qué y para qué de los que hablaba hace unos días, nos permitiera tener bien claros y presentes nuestros valores esenciales, irrenunciables. 


Unos valores a partir de los cuales establecer nuestras prioridades con precisión y contundencia.


Unos valores con los que bloquear partes de nuestros días para dedicar a lo que realmente nos llena, nos importa y ayuda a recargar energías. 


Unos valores sin los cuales corremos el riesgo de precipitarnos por el escarpado terraplén de la inercia. 


Unos valores con la suficiente altura como para movernos, para comprometernos, para aceptar con la mejor de las actitudes (con amor, con gratitud) el esfuerzo, la molestia, el dolor que, a veces, llevan aparejadas muchas de las tareas irremplazables del día a día.


Unos valores que nos permitan sentir, al final dela jornada, que nuestra vida es nuestra y nadie nos mueve los hilos como si de títeres se tratara.


Porque dedicar tres horas a la semana a comprar frutas, verduras y otros productos frescos en las tiendas de tu barrio molesta menos si tienes bien presente que lo haces alineándote con un valor importante para ti como el apoyo a las tiendas de cercanía.


Porque pasarte dos horas organizando alimentos y cocinando fastidia menos si recuerdas tu compromiso con la nutrición sana y la comida casera.


Porque cualquier renuncia, cualquier esfuerzo, se dignifica si lo has elegido tú conscientemente, si está respaldado por un propósito 



Porque el día a día nos expone a situaciones difíciles, incómodas, y solo de nosotros depende asumirlas desde el amor o vivirlas desde esa queja continua que nos llena de frustración e ira.


Y porque caminar con esos valores bien a mano en el bolsillo aporta seguridad, ayuda a orientarnos en caso de pérdida, nos infunde fuerzas para luchar ante las dificultades, tira de nosotros ante posibles fracasos, nos desliga de la aprobación externa…


Y porque hace mucho que descubrí que, salvo casos particulares muy concretos, no nos falta tiemponos falta claridad en nuestras prioridades y valores.


O, al menos, como me gusta terminar estas publicaciones, esta es mi experiencia, mi aprendizaje y mi camino… ¿Qué opinas tú sobre el tema? ¿Te suena de algo el malestar que compartimos mi amiga y yo? ¿Cómo bregas tú con esas dificultades inevitables que traen consigo las obligaciones y la rutina?


Gracias por llegar hasta aquí. Feliz tarde y un abrazo,


P.S.: No estoy segura de muchas cosas, pero de esta (al menos ahora) sí: no estar alineados con nuestros valores es como vivir una vida que no nos pertenece. Es un tema de coherencia, tan sencillo de escribir y complejo de lograr. 

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Hoy me voy a quedar con una frase de Johann Wolfgang von Goethe: “Todos los días deben oír un poco de música, leer una buena poesía, contemplar un cuadro hermoso y, si es posible, decir algunas palabras sensatas”.

Él lo tenía muyyy claro, yo cada vez más, ¿y tú? Aquí hay un buen ejercicio de escritura, ¿no te parece?


Música: esta tarde, mientras te escribía, me he deleitado escuchando  «Orfeo y Euridice», gracias a la recomendación musical diaria de David González Nuño en Twitter

Imagen de edsonaleluia en Pixabay 

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