El camino correcto…

Durante mi meditación matutina, reflexionando sobre lo difícil que es, en muchas ocasiones, ver con claridad el camino que deberíamos seguir, ha venido a mi mente con mucha nitidez el discurso final del señor Slade (interpretado por Al Pacino) en la película Esencia de mujer. En concreto, la frase «en las encrucijadas de mi vida siempre supe cuál era el camino correcto; sin excepción lo he sabido, pero nunca lo seguí, ¿saben por qué?, porque era muy complejo». Hace muchos años que vi esta peli por primera vez y aún puedo recordar con absoluta claridad cómo me impactó esa frase, y cómo lo sigue haciendo, por más veces que la haya visto. Yo no estoy tan segura como este personaje de saber siempre qué camino seguir, pero lo que sí tengo claro es que uno de los motivos principales que impiden que así sea es el MIEDO. Tememos ese amplio, …

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¡Se acerca el NaNoWriMo!

Hace unos días, publiqué una primera entrada para ir calentando motores de cara al nuevo reto NaNoWriMo que comenzará el próximo 1 de noviembre. Hablaba de la necesidad de tener bien clara la idea sobre la novela que queremos escribir y de la importancia de comprometernos con el reto, algo fundamental para logar ese nivel de disciplina y trabajo que necesitaremos. Si te la perdiste, puedes leer la entrada aquí. Hoy ya partimos de que sabemos con gran nitidez lo que queremos escribir y estamos decididos a poner toda la carne en el asador para lograrlo, ahora nos tocaría reflexionar sobre cómo vamos a gestionar nuestro tiempo para conseguir este apasionante reto que tenemos entre manos. Todos usamos con demasiada facilidad la frase «No tengo tiempo», pero en multitud de situaciones no necesitamos más tiempo, necesitamos tener más claras nuestras prioridades, implementar un sistema de organización de tareas y volvernos mucho más proactivos. Sí, sé …

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¿Dónde está tu muchedad?

En la adaptación cinematográfica que Tim Burton hizo de Alicia en el País de las Maravillas, me llamó la atención una frase que a mí me parece de gran interés para la vida en general y para nosotros los escritores en concreto. Me estoy refiriendo al concepto de muchedad o muchosidad (depende de la traducción). Como sabéis, esta obra de Lewis Carroll trasciende la literatura infantil para convertirse en una obra inspiradora por excelencia y llena de una simbología a través de la cual el autor nos llega directamente al corazón haciéndonos reflexionar sobre asuntos fundamentales. En un determinado momento, el Sombrerero Loco le dice a Alicia que nunca pierda su muchedad. La muchedad es eso que somos en esencia, que nos hace únicos, que nos permite mantener el contacto con la magia de la vida, que nos da fuerza… La muchedad son nuestros talentos naturales, lo que hacemos con la mayor fluidez y sencillez y con lo que más disfrutamos… Nuestra muchedad es eso que nos apasiona y cuando nos …

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No tengo tiempo…

No tengo tiempo, tres palabras llave que cierran muchas puertas. No tengo tiempo para iniciar ese proyecto. No tengo tiempo de escribir esa novela. No tengo tiempo de… (completa a tu antojo). Porque hacerlo es arriesgarme a que salga mal, y a que salga bien, y eso también me da miedo. No tengo tiempo de llamarte, escribirte, mucho menos de verte, ¿y si, tal vez, me asustara todo eso que guardan tu voz y tu silencio? No tengo tiempo de atravesar fronteras, ¿y si lo que veo allí me gusta más de lo que tengo? No tengo tiempo de abrir más mi corazón, estoy mejor así, detrás de esta camisa de fuerza. No tengo tiempo para atreverme a vivir la vida que deseo, estoy demasiado ocupada/o sobreviviendo. No tengo tiempo, tres palabras llave que cierran muchas puertas. Berta Carmona Fernádez. Si te gusta o te parece interesante para la reflexión, …

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Yo fui una niña gorda

Yo fui una niña gorda. O tal vez no lo fui, quién sabe, pero me sentí así demasiado tiempo. Con los años descubrí que no fui gorda, que yo era «grande», ¡qué cosas!, necesité varias horas con una psicóloga para aprender a reconsiderar la palabra «grande», para dejarla de asociar con todas esas veces que me sentí mal por ser «grande». ¿Por qué recuerdo con tanta nitidez aquella tarde que una mujer adulta, cercana, me invitó a estirarme un poco la falda porque estaba enseñando mis piernas grandes (o tal vez, gordas)? ¿Por qué no olvido aquel día en que una compañera me dijo que por qué no hacía dieta? No habría cumplido ni los treces años y ya malgastaba parte de mi vida en preocupaciones, en malestar, en dolor por sentirme gorda. Y vaya si hice dieta: la de la piña, la de aquella clínica estadounidense, la del libro …

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Yo no soy…

Yo no soy lo que tú piensas. Yo no soy lo que tú quieres. Yo no soy lo que tú esperas. Yo no soy lo que tú sueñas. Yo soy lo que soy, ternura, a veces, otras, fiera. Soy lo que amo, lo que me duele, lo que me angustia y alegra; un montón de dudas y unas pocas certezas… Soy lo que soy cuando vuelo y cuando me arrastro sin fuerzas. Soy lo que aprendo y lo que olvido, lo que he visto, viajado y leído y lo mucho que me queda. Soy mis errores, mis aciertos y mis sueños. Soy lo que me permito ser, un puñado de logros y otro infinito de retos. Soy lo que temo, lo que afronto y lo que anhelo, lo que me encanta y lo que detesto. Soy la que sonríe con dulzura y la que grita molesta, la que se conforma, …

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Ese miedo…

Ese miedo que impide que des el paso,que saltes la barrera y vayas allá donde deseas,ese, ese miedo, tiene los días contados. Ese miedo que lucha por tomar las riendas, que aprovecha el silencio de tus noches paraalzar la voz y gritarte que “no puedes”,a ese, ese miedo, tienes que callarle la boca. Ese miedo que trata de cortarte el paso,que te empuja hacia tu zona más cómoda cuando estás a punto de alzar el vuelo,cuando más claro tienes que, esta vez sí, vas a conseguirlo. Ese miedo, ese que te empuja a seguir seguroentre aquellos algodones que ya no sientes tuyos,ese miedo solo necesita que creas que puedes,y…, ¿sabes qué?, tú puedes. Ponte frente a él, cara a cara,dile quién eres y cómo has llegado hasta aquí,esquivando a otros parecidos, incluso más fuertes. Dile que ahora, ahora ya sí, sabes que puedes,que eres capaz de mirarte al espejo y sonreír,a pesar de …

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Reivindico mi derecho

Reivindico mi derecho al caos, al desorden, a equivocarme, a perderme, a cambiar de opinión. Reivindico mi derecho a salirme del plan, a romper la rutina, a decir “basta”, a gritar NO. Reivindico mi derecho a fallarte, a llorar y pelearme a golpes con la rabia y la frustración. Reivindico mi derecho a buscar, a encontrarme, a destruir rejas y grilletes y echar a volar. Reivindico mi derecho a la incoherencia, a la búsqueda constante, a la falta de perfección. Reivindico mi derecho a ser YO.

Sentirse mal

No pasa nada por sentirse mal. No pasa nada. Escuché esta frase, aparentemente sencilla, en unos dibujos infantiles que veía mi hijo hace unos días. Y, a pesar de estar yo en mis faenas, algo en mí se activó y volví la cabeza hacia el televisor, en el que pude ver cómo un personaje le decía a otro que no tenía que ocultar que se sentía mal, que, si necesitaba ayuda, debía pedirla; si sentía miedo, debía expresarlo, pues no siempre podemos ni tenemos que ser fuertes… ¡Qué importante lección! Me dejó pensativa gran parte de la tarde. Quizá porque precisamente ese día yo también me sentía mal. A veces, desde que nos despertamos podemos percibir cómo las emociones negativas revolotean traviesas a nuestro lado, y no pasa nada.No pasa nada por estar tristes, cansados, nostálgicos, desencantados…No pasa nada por reconocer que el equilibrio se resiente, que las piezas del …

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Nos guardamos…

Nos guardamos tantas veces un “me gusta”, un “me encanta”; un “¡¡me encantas!!”, un “eres especial para mí”… Nos guardamos tantas veces un “gracias por hacerme sentir así”, un “gracias” profundo mirando fijamente a unos ojos. Nos guardamos tantas veces un “qué buena estaba la comida”, o “qué bien me has atendido”, o “gracias por tu delicadeza al darme la noticia”. Nos guardamos tantas veces todas esas cosas bonitas, esas opiniones puras y sinceras que a veces son todo lo que alguien necesita para sentirse importante, querido, apreciado, para encontrar sentido a lo que hace. Qué sentiría esa joven que sonríe al atenderte a pesar de todas las dificultades de su vida, si en lugar de irse a casa, hundida como siempre, por ese trabajo mísero que soporta, tú y todos los que pensáis como tú le dijerais que su amabilidad y su sonrisa constituyen un rayo de luz en …

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