Reivindico mi derecho

Reivindico mi derecho al caos, al desorden, a equivocarme, a perderme, a cambiar de opinión. Reivindico mi derecho a salirme del plan, a romper la rutina, a decir “basta”, a gritar NO. Reivindico mi derecho a fallarte, a llorar y pelearme a golpes con la rabia y la frustración. Reivindico mi derecho a buscar, a encontrarme, a destruir rejas y grilletes y echar a volar. Reivindico mi derecho a la incoherencia, a la búsqueda constante, a la falta de perfección. Reivindico mi derecho a ser YO.

Sentirse mal

No pasa nada por sentirse mal. No pasa nada. Escuché esta frase, aparentemente sencilla, en unos dibujos infantiles que veía mi hijo hace unos días. Y, a pesar de estar yo en mis faenas, algo en mí se activó y volví la cabeza hacia el televisor, en el que pude ver cómo un personaje le decía a otro que no tenía que ocultar que se sentía mal, que, si necesitaba ayuda, debía pedirla; si sentía miedo, debía expresarlo, pues no siempre podemos ni tenemos que ser fuertes… ¡Qué importante lección! Me dejó pensativa gran parte de la tarde. Quizá porque precisamente ese día yo también me sentía mal. A veces, desde que nos despertamos podemos percibir cómo las emociones negativas revolotean traviesas a nuestro lado, y no pasa nada.No pasa nada por estar tristes, cansados, nostálgicos, desencantados…No pasa nada por reconocer que el equilibrio se resiente, que las piezas del …

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Nos guardamos…

Nos guardamos tantas veces un “me gusta”, un “me encanta”; un “¡¡me encantas!!”, un “eres especial para mí”… Nos guardamos tantas veces un “gracias por hacerme sentir así”, un “gracias” profundo mirando fijamente a unos ojos. Nos guardamos tantas veces un “qué buena estaba la comida”, o “qué bien me has atendido”, o “gracias por tu delicadeza al darme la noticia”. Nos guardamos tantas veces todas esas cosas bonitas, esas opiniones puras y sinceras que a veces son todo lo que alguien necesita para sentirse importante, querido, apreciado, para encontrar sentido a lo que hace. Qué sentiría esa joven que sonríe al atenderte a pesar de todas las dificultades de su vida, si en lugar de irse a casa, hundida como siempre, por ese trabajo mísero que soporta, tú y todos los que pensáis como tú le dijerais que su amabilidad y su sonrisa constituyen un rayo de luz en …

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A veces no me encuentro

A veces no me encuentro. Sé que estoy ahí porque el corazón se mueve con ese latido tan mío y en la cabeza bullen cientos de ideas, pero no me encuentro. Tal vez me quedé enterrada bajo todo ese desorden o una montaña de culpas que impiden que pase el aire. Quizá, aunque veas mi luz encendida tan temprano, yo aún siga vagando entre mis sueños. A veces solo quisiera pararlo todo cuando tengo la nariz entre tu pelo y que el mundo se detenga en una de tus risas. Hay veces que solo quiero gritarle al mundo que me espere mientras estoy contigo, oliendo tu cuello o acariciando esa piel que salió de la mía. Tantas, tantas veces deseo con vehemencia que las horas pasen sin reloj, sin calendario, sin las palabras “no puedo” entre mis labios. A veces quisiera bajarle el volumen a tantos sueños y simplemente recrearme …

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