Más allá de la baja autoestima

¿Te dices, con cierta frecuencia, que tienes baja autoestima? ¿Poca confianza en ti? ¿Has relacionado esto, alguna vez, con esos bloqueos a los que me refería en mi anterior publicación, con esas metas huidizas que se nos escapan de las manos cuando parece que nos acercamos?

Conozco bien este tipo de discurso interno, créeme: llevo casi treinta años luchando con este tipo de pensamientos. Sé bien lo que es experimentar ese freno de mano que cuando menos lo esperas o más cerca estás de un objetivo o incluso ya lo estás disfrutando se activa y te corta la marcha.

Si has respondido afirmativamente, espero que de alguna manera pueda ayudarte o inspirarte lo que para mí ha sido uno de los descubrimientos más reveladores desde que emprendí este camino de búsqueda de sentido, de porqués…

Un hallazgo que está relacionado con algo que me apasiona: la narrativa de vida. Porque resulta que cuando nos decimos, y repetimos, frases como «tengo baja autoestima», « es que no confío suficientemente en mí», «esto no es para mí», «no voy a conseguir aquello nunca»… estamos dándole forma a una historia, una historia que nos sirve para otorgarle sentido a esas experiencias de bloqueo y parálisis.

Y ya sabemos lo que pasa con las historias… Que a veces nos las creemos y convertimos en realidad lo que no es ni llegó a ser nunca.

Que, en otras ocasiones, nos encarcelan en una identidad determinada: en este caso, la de la baja autoestima.

Mi experiencia es que mientras me aferraba a esa narrativa que me retenía en la superficie del concepto autoestima, estaba pasando por alto lo que se cocía a un nivel mucho más profundo: una programación mental basada en creencias limitantes, muuuy limitantes.

Como, por ejemplo, que la vida es dura o, como tanto he escuchado, un valle de lágrimas.

Como que son muy pocos quienes logran una vida próspera siendo fieles a sus valores y disfrutando de lo que les apasiona.

Como que tener altas aspiraciones solo conduce al sufrimiento y es mejor conformarse con poco.

Como que cuanto menos destaque alguien, menos sufrirá.

Como que el dinero es la causa de todos los problemas; nadie se hace rico trabajando y casi siempre está relacionado con actividades fraudulentas.

Como que las cosas realmente buenas siempre le pasan a otros.

Bueno, con esto tú ya me entiendes, ¿no? Ese tipo de creencias que, inconscientemente, cierran muchas puertas por una razón tan sencilla como que conforman paradigmas rígidos, esos filtros mentales (en este caso negativos, disfuncionales) a través de los cuales percibimos el mundo y nos relacionamos con él.

Y ocurre que estos filtros afectan directamente a nuestras emociones, a lo que sentimos, nos condenan a la duda, el miedo, nos hacen desconfiar de nuestras verdaderas posibilidades, del merecimiento… repercutiendo incluso en nuestra capacidad de desear, soñar, esperar…

Por supuesto, con un escenario así, de dudas, temores, falta de seguridad; sin un sentimiento fuerte de apertura a la prosperidad; sin la capacidad de sentirnos, con emoción y contundencia, merecedores o capaces de alcanzar lo que anhelamos, es lógico que nuestras metas se escapen.

Porque cada vez que dudamos, creamos una interferencia.

Esta era, en mi caso, la causa de tantos bloqueos, de ese desagradable autoboicot. Y, por tanto, lo único que me ha funcionado para superarlo ha sido esa reprogramación de la que hablaba en la anterior publicación.

Cambiar la manera de ver y entender el mundo…

Modificar los paradigmas que me impedían sentir capaz de lograr justo lo que anhelaba.

¡Sentir! ¡Sentir con emoción y confianza!

Concluyendo, en mi experiencia, es importantísimo bucear más allá de la superficie de la baja autoestima hasta ponerse de frente a nuestras creencias. Conocer con la mayor profundidad que nos sea posible la maquinaria interna de nuestra mente y si está trabajando a nuestro favor o en contra.

Es un tema complejo y esta publicación ya ha quedado demasiadooooo larga, así que lo dejo aquí. Si te ha parecido interesante o útil, si tu perspectiva o conocimiento del asunto es diferente… me encantará conocer tu opinión abajo en los comentarios o a través del correo berta@bertacarmona.es.

¡Gracias por haber llegado hasta aquí! Pasa un feliz día. 😉

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Algunas frases: «Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto». Henry Ford.

«Las ideas se tienen; en las creencias se está». Ortega y Gasset.

Mi recomendación de hoy: el pódcast de Helena Echevarría. Me he bebido decenas de capítulos en muy pocos días: cercana, directa, sensata…

¿Un ejercicio de escritura? Por si te apetece ir probando.

  1. Puedes escribir cuáles piensas que son las creencias esenciales sobre las que has construido tu trayectoria. ¿Qué tipo de mensajes escuchaste más durante tu infancia? ¿Qué creencias parecían serles útiles a las personas de tu entorno más cercano? ¿Cuáles te han sido útiles a ti y cuáles, por el contrario, te han lastrado?
  2. ¿Qué harías, qué tendrías, cómo te sentirías en un día de tu vida ideal? Presta atención a las sensaciones mientras escribes, ¿tienes el convencimiento de poder lograrlo o, por el contrario, aparecen grandes dudas?

Ahora sí me despido del todo, ¡gracias! Si prefieres que este tipo de entradas te lleguen directamente a tu correo electrónico, ahora puedes dejarme tu dirección en el formulario que encontrarás por todas partes en esta web. 😉 Importante confirmar la suscripción a través de un enlace que te llegará al correo, con especial atención sobre todo si usas Gmail porque puede quedarse en Spam o en Promociones.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

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